Desde que en la última asamblea de FEDIS, en noviembre del pasado año, se me encargó la presidencia de la Federación Española de Dislexia por parte de los miembros que la constituyen, no he dejado de pensar en la importancia del momento actual en nuestro país de cara a lograr las reivindicaciones que perseguimos cada una de las asociaciones que formamos parte de la misma. “Desgraciadamente” no queda más remedio que reconocer que nuestro sistema educativo es el resultado del mayor dislate de la historia educativa de nuestro país. Nos encontramos en una situación en la que la legislación del estado (entiéndase la LOE) no puede hacer más que eso, legislar, pero sin tener competencias para exigir el oportuno desarrollo de la misma en cada una de las diecisiete Comunidades Autónomas. En este momento, a excepción de Baleares, Canarias y Murcia, ninguna otra Comunidad Autónoma contempla, en sus Órdenes o Decretos sobre Atención a la Diversidad en la Educación, las Dificultades Específicas de Aprendizaje. Apenas dentro de dos meses se cumplirán tres años desde la publicación de la LOE y catorce Comunidades Autónomas tienen por asumir y desarrollar las competencias educativas que el Estado delegó hace ya bastantes años en las administraciones autonómicas. Parece que el viejo dicho de las diferentes velocidades según cada autonomía vuelve a consagrarse una vez más. Al fin y al cabo, no pretendemos más que parecernos realmente al resto de la Europa a la que pertenecemos. Países como Hungría están muy por encima de España en cuanto a la eficacia del sistema educativo, en el que caben, como los demás niños, aquellos que presentan Dificultades Específicas de Aprendizaje. No hablemos de otros países más cercanos al nuestro dentro del entorno europeo. Es que merecemos menos? Es que tenemos menos derechos que en los países de nuestro entorno? Es que es gratis no cumplir con la legislación de referencia? Es que los principios de Igualdad de Oportunidades, que consagra nuestra Constitución, se pueden incumplir impunemente, mientras estos niños pasan un verdadero calvario en su formación primaria y secundaria, marcando su vida con la vivencia del fracaso? Resulta que el problema empieza siendo un problema educativo, pero acaba siendo también un problema importante de Salud. Depresiones, fobias, ansiedad, sintomatología psicosomática, angustias individuales y familiares, son bastante comunes en la vida de los niños con DEAs y sus familias. Tengámoslo en cuenta, ya que quizá deberíamos pensar también en las Consejerías de Salud de cada una de nuestras autonomías como interlocutores necesarios en este proceso de reconocimiento y atención personalizada que necesitan, por derecho constitucional, todas las personas, niños y adultos, que sufren estos problemas. En todo caso, creo firmemente que con el esfuerzo de todos, cada uno en su lugar autonómico, vamos a acabar consiguiendo que el actual estado de la situación cambie definitivamente. No será rápido, eso ya lo estamos viendo, pero no debemos dejarnos “aburrir” por las distintas administraciones. Lo que pedimos no es más que el reconocimiento de hecho de unos derechos básicos que se consagran en nuestra Carta Magna y que tienen su primer desarrollo en la actual Ley Orgánica de Educación, de mayo de 2006. El objetivo es claro y parece que los caminos para conseguirlo son diversos. Ánimo a todos para seguir sumando actuaciones y voluntades a favor de los derechos de nuestros hijos. Jesús Gonzalo Ocampos Presidente de la Fedis.
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